EL JUICIO DE LOS TRAIDORES

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EL JUICIO DE LOS TRAIDORES

Mensaje por Filardy el Jue Sep 01, 2016 6:40 am

Las noticias de la cruzada contra los herejes se difundieron rápidamente por todos los reinos. Hubo muchas partidas de búsqueda de los paganos que habían logrado escapar de la montaña pero parecía que se los había tragado la tierra.

En el castillo del reino del Grifo se amontonaban las denuncias contra el Conde Davidaf y sus secuaces. Los paganos volvieron a su castillo, entre las sombras y escondidos como vulgares delincuentes, donde se escondieron temerosos de las consecuencias de sus actos.

El Regente harto de tantos delitos e insolencias mando una Citación Oficial al Conde Davidaf para que se personara inmediatamente para la celebración de un juicio donde pudiera defenderse, incluso con testigos, de todas las acusaciones vertidas sobre su persona. Se le garantizó un salvoconducto para que pudiera acudir al juicio sin problemas.

El conde se presento al juicio donde fue informado de los cargos a los que se enfrentaba. Durante la vista, el juez, Torkemada del Grifo, fue desgranando uno a uno todos los delitos cometidos por el conde y aportando pruebas y testigos de los hechos, entre ellos el propio Regente Filardy del Grifo y el Sumo Sacerdote, Seren El Humilde que dieron fe los los hechos.

El acusado no supo que decir en muchas de las preguntas que le formulaba el fiscal, balbuceando  contestaba respuestas sin sentido y justificaciones peregrinas que solo conseguían  dar mas certeza al fiscal de la culpabilidad de ese hombre.

Y cuando el juez estaba a punto de dictar sentencia, el acusado en un acto que dejo perplejo a toda la sala, se levanto y salio corriendo hacia las puertas del castillo. Los guardias los persiguieron pero el acusado logro escapar del castillo y cuando los guardias estaban a punto de capturarlo, apareció el ejercito del Duque Arleya, saltándose todos los acuerdos firmados entre los regentes, para proteger al pagano y ahora rebelde a la justicia del reino del Grifo.

El regente en un acto de su infinita sabiduría insto al duque a un parlamento y como marca la tradición los lideres quedaron en el centro del campo de batalla para dialogar. El regente le hizo saber al duque Arleya que no debía de estar allí y al Conde Davidaf le recordó que si no volvía y se sometía al juicio, seria declarado rebelde y se le quitarían todos los títulos del reino del Grifo, desterrandolo de sus tierras.

El Conde Davidaf muy soberbio en sus contestaciones y alentado en todo momento por el Duque Arleya se negó repetidamente a acudir al juicio sin siquiera saber las penas que se le iban a imponer.

El regente intento una y otra vez explicarle las consecuencias de sus actos, pero el Conde Davidaf había enloquecido y no entraba en razón. Muchos con el tiempo achacaron este comportamiento del conde con su relación con las artes oscuras y prohibidas de las que habían sido acusados.

Al final en un acto de su inconcebible y grandiosa magnificencia el regente dio tres días al acusado para que se pensara que hacer y las consecuencias de sus actos. Declarando un alto el fuego después de muchos ruegos y lloros por parte de las mujeres del poblado del conde traidor.

Filardy

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